miércoles, 14 de abril de 2010

Amdavad, Bombay y Goa

Hasta la última vez, cuando hablábamos de Udaipur, todo lo que habíamos visitado menos Delhi pertenecía a Rajastán, ese estado del oeste lleno de palacios y fuertes. Teníamos la sensación de estar visitando el pasado de cortes poderosas con una cultura relativamente bien conservada y sin mucha afectación occidental. Pero yo me preguntaba ¿dónde está la huella colonial? En muchas de las ciudades los últimos palacios se construyeron ya empezado el siglo XX con los ingleses más que apalancados y gobernando todo el país. Teniendo en cuenta que las primeras expediciones europeas y entre ellas las inglesas para quedarse con todo el cotarro de las indias fueron en el XVI pensé ¿Qué pasa, es que aquí no llegó la Compañía Británica de las Indias orientales y posteriormente la corona británica como en toda la India? Por supuesto que sí, los ingleses reunieron casi más tierras bajo sus dominios en la India que nunca antes, más que ahora, ya que con la independencia sobrevino la escisión del estado de mayoría musulmana, Pakistán, cuya ala este, Pakistan oriental, se convirtió finalmente en Bangla Desh en 1971. Lo que ocurre es que los ingleses tuvieron que convivir con las casas reales hasta el final, en algunos casos los Maharajás habían “cedido” el poder a la corona y en otros no. En algunos palacios se puede ver la foto del consejo de príncipes en los que se reunían los Maharajás y príncipes con el virrey inglés a la cabeza. Eran como la foto de familia que se hacen los presidentes en las cumbres internacionales de hoy día pero todos con unos turbantes imponentes y unos modelos la mar de monos. No, en serio, iban guapísimos. En medio ponían al virrey que aparecía siempre blancucho, escuálido y cariacontecido al lado de tanta salud y color, con su terno británico y su chistera debajo del sillón. Claro, algunos maharajás vivían divinamente como la casa real española, que son para hacer bonito y dar cohesión, y los que mandaban de verdad pues a sus anchas, pero el virrey tenía que comerse los marrones y dar la cara en Buckingham. Gajes del virreinato.

Primer Maharawal de Jaisalmer que accedió al trono después de la independencia


Voy a hacer un inciso para comentar algo sobre la Compañía británica de las Indias Orientales: imaginaos cómo tuvo que ser esta compañía, una empresa, para llegar a gobernar, sí a gobernar, toda la India hasta 1856 cuando, tras una insurrección de unidades militares y reinos rebeldes denominada el “Motín Cipayo”, la corona británica intervino para hacerse cargo del gobierno por la inestabilidad. ¡Qué morro!, lo que pasaba es que la Reina Victoria estaba que se moría de ganas por nombrarse primera emperatriz de las Indias, ella es que era muy curiosa y gustaba mucho de lo exótico.

No obstante yo seguía pensando que los ingleses no habían dejado tanta huella para haberse llevado casi cuatro siglos por aquí. Parecía que la India era un país de hombres con turbantes y mujeres con cántaros en la cabeza. En el Rajastán sí amigos y amigas, en el Rajastán sí.

Pero un aciago día de finales del mes de marzo salimos de Udaipur camino de Ahmedabad (o Amdavad) la capital de Gujarat, otro estado del oeste. Nos habíamos olvidado ya de Delhi y de su tráfico y polución y esto nos pareció peor aún que la capital, sólo os cuento una: Una tarde, para ir a ver una mezquita, intentamos cruzar una avenida de unos tres o cuatro carriles por los que circulaban coches como si fuera una avenida de ocho. Nunca vimos la mezquita, fue totalmente imposible cruzar aquel horror.
¡Dios mío! ¿Dónde están los palacios con celosías?, ¿dónde los camellos tirando de un carro sin conductor?, las vacas tranquilas, ¿dónde está mi sueño de viajar por un país de gente exótica y relajada? Nadie me contestó, el primero que me despertó de mi fantasía oriental al llegar a Amdavad fue el pirata conductor del rickshaw, que primero compitió con sus compañeros ofreciéndonos un precio irrisorio para captarnos y luego nos quiso cobrar el precio que habría sido lógico; después nos acompañó al hotel e hizo que dijeran que no tenían habitaciones para así llevarnos él a otro hotel y cobrar su comisión, al final nos pudimos deshacer de él no con poco esfuerzo. Según nos dijo luego un chico de la ciudad allí todo el mundo era muy pirata, ya.

Era una ciudad con el ruido del tráfico y la polución como absolutos protagonistas, hasta las religiones parecían más estridentes allí, me inventé que al ser una ciudad de mayoría musulmana, los demás tenían que hacer más ruido que en otras ciudades para no pasar inadvertidas bajo el canto remolón y estridente de los moecines. En Amdavad las pujas o rituales hindús se hacían en la calle porque el sanctasanctórum del templo daba en la mayoría de los casos ¡a la avenida! ¡venga, de par en par! cuando lo habitual hasta entonces había sido que estuviese oculto y que prácticamente no te dejasen entrar en casi ninguno. Por supuesto el fragor de tambores y campanas se podía sentir desde tres calles más allá y los megáfonos de las mezquitas tenían una potencia que cualquier tombolero de España ardería en deseos, vamos que a los cinco minutos de estar en la calle querías teletransportarte aunque fuera a la calle el infierno a refrescarte los tímpanos.

De todos modos habíamos parado allí para no hacer un viaje demasiado largo hasta Bombay y porque había un museo textil que pintaba muy bien. Además estaba el ashram de Gandhi desde dónde, al parecer, se gestó en parte la marcha contra los impuestos de la sal y la campaña para que los ingleses dejaran la India.






Un ashram era una especie de comunidad en la que se trabajaba, rezaba y vivía bajo unas normas un poco estrictas, aunque coherentes y muy sostenibles. Gandhi defendía el trabajo manual e hizo de su rueca para hilar un símbolo nacional que estuvo a punto de aparecer en la bandera de la India libre de ingleses.





Según él la rueca representaba el rechazo del pueblo indio a las mercancías textiles que provenían de Inglaterra. La estrategia del imperio fue cerrar las fábricas textiles en la India y obligar a la población a comprar las prendas occidentales que llegaban a los puertos desde donde previsiblemente había salido la materia prima. Brillante ¿no? Pues a grandes problemas grandes soluciones y Gandhi, apodado Mahatma (alma grande) por el pueblo, inició una campaña de desobediencia civil y rechazo a los artículos que venían de Inglaterra. La campaña, entre otras acciones, incluyó la quema de prendas en hogueras. Gandhi había vestido el atuendo occidental durante muchos años de su vida pero en lo sucesivo siempre vestiría un khadi cuyo hilo –supuestamente- hilaba él mismo cada tarde y después se tejía en los telares del ashram. Tuvo buenas ideas el hombre y le fue muy bien, se merece salir en todos los billetes de todos los valores y tener una avenida y estatuas en todas las ciudades y que le veneren como uno más de los cientos de dioses, bueno, esto último quizá ni siquiera a él le haría gracia, pero aquí le pintan con una aureola en la cabeza como a los santos católicos, bueno, menos hicieron la mayoría de santos y tienen aureola, ¡ay no sé! Nosotros pasamos una tarde muy agradable en el jardín y en el porche que había delante de la casa de Gandhi, era el sitio más agradable que habíamos visto en Amdavad.

Del resto de la ciudad ya os he hablado, imagino que lo que sufre esta ciudad es la peor cara de la huella colonial, esa que ando yo buscando no sé por qué. No sé si es porque estoy aquí y un poco sensible pero me ha dado por pensar que como nación esquilmada por el imperio británico, la India tiene que ponerse las pilas no sé bien al son de qué batuta para estar al día y hacer algo en este mundo obsesionado con el crecimiento económico. No es que yo piense que la India se tiene que quedar con el carro de camellos y mujeres resecas e iletradas sacando agua de un pozo porque sea más pintoresco, pero es que esto es muy loco, de verdad. Quizá occidente entero debería volver a sus colonias con el rabo entre las piernas, pedir perdón y ayudar a estos países a ponerse “a la altura” si eso es lo que desean sin cargarse a sus propias poblaciones en una masa de humo y mierda en el aire y en el agua. Pero no, lo que hacemos los occidentales es mandar a los responsables de Zara y H&M a buscar talleres baratitos para producir jerséis de 19.90. Primero les obligan a consumir lo fabricado en Europa y ahora se ven obligados a fabricar lo que consumimos allí. La vida tiene ironías.

Como os comentaba, había otra digna excepción en Amdavad, la capital de Gujarat, el museo textil, se llama Calico Museum y pertenece a una fundación privada. Se trata de un museo extensísimo para albergar una colección casi exclusivamente textil. Nos enseñaron bordados de toda la India, sedas profusamente pintadas a mano, lanas tejidas de mil maneras, trajes para hombres, mujeres, niños, camellos, elefantes y caballos, carpas de lana y de algodón, tapices, sábanas, turbantes, saris, chales, alfombras, sombrillas, y más, hasta un carro ornamental de procesiones hindús, algo parecido al carro de los simpecaos, pero con más color y enorme. El museo está en una antigua mansión preciosa (una Haveli), con una arquitectura que no habíamos visto antes en la India pero que nos recordó a los edificios musulmanes de Andalucía, era realmente agradable y la colección es sencillamente una maravilla.
Desgraciadamente para mí y afortunadamente para los tejidos, no se podían hacer fotos, las telas y los pigmentos sufren mucho con la luz y te llevaban a golpe de silbato por las salas encendiendo y apagando luces , sólo se podía visitar en grupo, con la guía del museo y los niños están prohibidos, normal. Así que ya sabéis, si venís por la India y tenéis interés por el mundo textil vais a tener que pasar por Amdavad, lo siento de verdad. ¡Ah! y se me olvidaba, si alguien cae por allí, también se pueden visitar unos pozos subterráneos de cinco plantas estupendamente talladas en piedra. Muy interesante, este en concreto se construyó para recreo de una princesa.




Rumbo al sur llegamos después de unas horillas de tren nocturno a la gran urbe, Bombay. Este nombre le viene del portugués bom bahía, pero hace unos años, en los noventa, le cambiaron el nombre por Mumbai, en honor a la diosa Mumba que se veneraba mucho en esta zona por los pobladores originales, antes de los portugueses, si es que tienen dioses para todo. El asunto es que en la ciudad hubo como una fiebre por borrar la huella británica (que vinieron tras los portugueses al ser regalado Bombay como parte de una dote en un matrimonio intercorona) y comenzaron a cambiar el nombre a todo lo que se llamaba Victoria o Príncipe de Gales por otros más de aquí, de algún guerrero, o de algún líder legendario, lo normal. El problema es que no sé qué queda más raro, si tener una estación en una ciudad totalmente india que se llame Victoria Terminus o que se llame Chhatrapati Shivaji y que por fuera sea enteramente una catedral neogótica victoriana que podría estar en cualquier rincón de Londres y ser uno de los edificios más visitados. De hecho en Mumbai lo es (es Patrimonio de la Humanidad), junto con el antiguo museo Príncipe de Gales (que también se llama ahora Chhatrapati Shivaji) el edificio de la Universidad y la High court. A mí personalmente me encantó la estación, es que el estilito inglés me tira bastante.

Aquí la Estación




Aquí la Universidad de lejos y de cerca, puritito gótico tropical, me encanta.




A decir verdad casi todo el mundo le sigue llamando a los edificios por el nombre inglés, porque es más de toda la vida y mucha gente dice Bombay y no Mumbai, ya se sabe, la fuerza de la costumbre. Pero más famosa aún y fotografiada que todos estos edificios y alguno más está la no tan impresionante India Gateway que fue un arco de triunfo que le construyeron en basalto color miel al rey George V y la reina Mary de Inglaterra para que les recibiera en su visita en 1911 y que en 1948 sirvió para la salida de las últimas tropas inglesas destacadas en la India (la independencia fue declarada en el 47). A los indios les debió encantar verles salir por allí, je.





Como veis en Mumbai no tuve que esforzarme mucho para localizar la huella colonial, lo que sí tuve que buscar es quién había sido este señor Chhatrapati. Sigo buscando la verdad, tendré que tirar de wikipedia. Perdonen esta laguna por favorsito.
Dentro de la visita a Mumbai también es imprescindible pasar una mañana en Elephanta Island, donde hay un grupo de templos-cueva tallados directamente en la roca y declarados patrimonio de la Humanidad por la Unesco donde reside, entre otros dioses, bailarinas cósmicas y elefantes de piedra la imponente imagen de un Shiva tricéfalo: el Creador, el destructor y el conservador del universo, bellísimo.





En los días que pasamos en Mumbai paseamos bastante para sentarnos un rato mirando a la bahía, desayunamos en bares de estilo occidental y cenamos en chiringuitos totalmente locales en la playa más popular de Bombay, Chowpatty Beach, nombre el cual se traduce como Playa Playa (en Hindi y en inglés).

Parece una ciudad más tranquila y sobre todo si la comparas con Amdavad, nosotros recordaremos con gran cariño que los taxis de Bombay funcionen con gas y que el tráfico parezca el de una ciudad europea algo irrespetuosa con los peatones. Bueno es que ese temita… en la India el peatón es ¡una! ¡segunda! ¡cosa! para todo el mundo, tu vida no vale nada de nada para nadie que lleve cualquier tipo de vehículo, el peatón sólo molesta, nunca esperan a que pase para arrancar y jamás levantarán el pie de un acelerador para que uno no tenga que ir pegando botes ni corriendo al cruzar cualquier calle. Mortal en sentido literal. Aunque en Mumbai parece que se puede uno mover sin ver a la de la guadaña cada cinco minutos.
Por cierto, lo de los taxis con gas puede sonar muy bien, de hecho no dan mucho ruído y nada de humo, pero estos coches estaban allí el día que se fueron los ingleses en el 48 o si me equivoco corregidme, juzgad vosotros-as mismos-as.



No sé si os estoy cansando con tanta cosa mezclada, me da la sensación de que estoy haciendo un gazpacho (se me ha hecho la boca agua, para qué habré dicho gazpacho, mardisión) pero ya voy terminando.

Como guinda de este pastel de varios pisos os contaré que después de Bombay continuamos hacia el sur para hacer una parada en Goa, un estado muy pequeñito en la costa occidental que ha sido el último espacio devuelto a la India autónoma incluso después de haberse ido los ingleses. Y ustedes se preguntarán: ¿Y quiénes fueron estas garrapatas que no se iban ni con agua caliente? Pues los portugueses, si señores, los primeros en llegar y los últimos en largarse, es que le habían cogido cariño, angelicos. Desde 1510 hasta 1961 estuvieron por aquí y claro, ya tenían que creerse que esto era suyo, pero bueno, finalmente cogieron caminito, no sin dejar detrás un verdadero rastro patente en la arquitectura, la comida, la lengua, la ropa, y por supuesto, la religión.

El tren nos dejó en Margao, pero en seguida nos fuimos a Panjim, la capital, para buscar una habitación más cerca de Old Goa, que es la antigua capital, abandonada por los portugueses por unas epidemias y que solo conserva en pie las numerosas y enormes iglesias de un conjunto impresionante envuelto en jardines que ocupan lo que en aquella época debió estar lleno de calles y casas.





Era algo extraño estar tan lejos de casa para visitar iglesias que podían parecerse a la del Salvador en Sevilla. Una de ellas ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y alberga la tumba de San Francisco Javier (ellos no le Tratan de “San”) que tuvo que hacer la gracia de hacer venir hasta aquí a la Santa Inquisición para convertir a estos pillastres que adoraban a los ídolos hindús, a los que no se querían convertir al cristianismo pues había que convertirlos en cenizas. ¡Qué afán!, si tanto le gustaba la transmutación que se hubiera ido a la escuela de Harry Potter a aprender a convertir ranas en bocadillos y que hubiera dejado tranquilos aquí a los indios adorando lo que les saliera del mismo tercer ojo ¡digo yo!… Pues la tumba costó un dinero ¿eh? Además mira quién se va a quejar de que adoran ídolos y nosotros tenemos doscientas mil representaciones de la misma señora pero con diferentes nombres y que las vemos y se nos hace el chichi agualimón, pero no con todas, no, con la nuestra, porque “yo soy muy devota de la virgen del tal” “y yo de la Esperanza de cual”. ¡Hombre por favor! si esto es exactamente lo mismo ¡valgame el cielo! Qué pasa ¿que ellos adoran a las vacas? No, las vacas son sagradas, ellos sólo adoran a Nandi, la vaca de Shiva, pero es que ¡es tan mona!




Nótese la mezcla de estilos, ellos veneran muchísimo a San Francisco Javier y lo demuestran provocándole una cervicalgia o como se diga con la cantidad de guirnaldas de flores que le encasquetan, igualito que en los templos hindúes.
Además de la tumba del perla este, también vimos unos pasos de semana santa que, sin ánimo de molestar, eran como una versión plasti-de-gore del Gran Poder, que las manos parecían un manojo zarcisha y la peluca, bueno, para qué me voy a ensañar, si las criaturitas hacen lo que pueden (no hice fotos para no hacer risas de las creencias ajenas, mentira, no hice fotos porque no se podía), esa noche iban a celebrar las liturgias propias del jueves santo, nosotros nos acordábamos de la madrugá y pensábamos que qué oportunos al haber venido ese día, y estaban engalanando las iglesias más concurridas. Todo tenía un aire familiar, os informo que yo de pequeño era monaguillo en Cumbres Mayores- Huelva y aquel ambiente de engalanamiento y decoración religiosa, me resultaba conocido, pero era como si se hubiera parado el tiempo, las imágenes eran extrañas y muy antiguas, todo tenía una capa de viejo y un puntito tropical al que no estamos acostumbrados los católicos en Europa, donde todo es muy solemne, muy grave y muy lujoso en las iglesias. He aquí una representación de los siete dolores de nuestra señora materializados en siete mandobles medievales hincados en el pecho de la pobre señora.



Me llamó la atención ver mujeres en sari barriendo las iglesias o mujeres indias vestidas de occidental porque eran católicas, aquí las mujeres conducen y todo, mira, algo bueno les dejó el Javi, hay que intentar encontrar lo positivo.
Para terminar os dejo con un detalle que me detuvo ante la iglesia de la Inmaculada en Panjim. Una imagen blanca y azul con el pelo, eso sí, pintado de negro de la Inmaculada que lleva una corona de bombillas. Las autoridades indias están haciendo una campaña en todo el país para introducir las bombillas de bajo consumo. Quizá estén intentando compensar la polución que sueltan sus fábricas de hacer macroeconomías con los mil millones de granitos de arena que pueden aportar los que se chupan el humo del crecimiento económico. Una aureola de bombillas de bajo consumo coronando a una inmaculada recién encalada, ¿hay algo más limpio, Señor?



Ya sé que me he enrollado un poco con pormenores históricos y esas cosas, pero mira, tenía el día. Perdonad las incorrecciones, la falta de documentación, la mala puntuación del texto y si ha resultado un tostón, otro día seré más ameno. A Antonio le dejo la parte más famosa y refrescante de Goa, las playas.



Hasta pronto y gracias por seguir ahí,
Andrés

domingo, 4 de abril de 2010

De animales y riesgos laborales

Aquí estoy de nuevo dispuesto a contaros algunas cositas de estos últimos días. Ya sabéis que a mí me gusta más explicar chorraditas –supongo que lo entenderéis después de haber visto el vídeo del anterior post-, así que continúo dejando a Andrés la parte más romántica y cultural del viaje. Actualmente estamos en Goa, y para llegar aquí desde Udaipur (Rajasthan) hemos pasado, desafortunadamente, por Amdavad (también Ahmedabad, en el estado de Gujarat) y por Mumbai (antigua Bombay). Esta segunda ciudad, como aseguraba Mecano en su equiparación con Hawaii, es un paraíso, sobre todo cuando se compara con el resto de grandes ciudades indias que hemos visitado. Ya Andrés contará más al respecto.

Hacía tiempo que andaba pensando en escribir algo acerca de la vida animal en este país. Y esto se debe a que, a diferencia de España y Europa, los bichos aquí son omnipresentes. La población animal está tan integrada en las ciudades y los pueblos que a los pocos días de viaje hasta a nosotros mismos se nos pasaba desapercibida. Aunque en los dos primeros días en la loca Delhi ya avistamos gran variedad de bestias, i.e. vacas, caballos, bueyes, así como algún que otro roedor grande y pequeño y multitud de aves, no fue hasta llegar a Jaipur donde apreciamos la rica fauna urbana de este país. Allí observamos elefantes decorados y pintados, camellos tirando de carros, monos trincando lo que podían en un mercado de fruta y verdura, y jabalíes con un pelaje infame –el de la foto es lindo en comparación con otros especímenes no dignos de este blog- que se alimentaban de basura.



También hemos tenido el privilegio de presenciar el coito primate, no os cuento aquí las intimidades referentes a carantoñas, posturas y algunas cosas más desagradables que curiosas del fenómeno, lo dejo como anécdota para compartir a la vuelta tomado una cervecita con vosotros. Como aperitivo os mostramos una foto del despioje entre iguales, proceso bastante similar al que más de una madre que yo me se ha tenido que realizar con su criatura en la Europa del primer mundo. Tampoco es tan indigno coger piojos, estos o los otros ¿a que no?





Y en cuanto a especies voladoras hemos tenido la suerte de avistar al ave nacional, el pavo real, así como murciélagos poblando templos jainistas y algún que otro ejemplar exótico no identificado (siempre lo digo, a ver si me pongo ya con la ornitología). Entre las aves también aquí han tenido éxito ecológico las palomas, y han llegado a ocupar el nicho que constituyen las iglesias del siglo XVI de Goa. Así, revolotean desde el altar mayor al púlpito y vuelta. Qué cosa más bonita… ¡ay si lo viera más de un capillita de la Iglesia restaurada del Salvador o de San Lorenzo! Siento no tener foto.

Los gorriones también pueblan cualquier hábitat, incluso los medios de transporte público, he aquí la prueba. Cuando Andrés y yo nos montamos en el autobús de Jaisalmer a Jodhpur, nos hizo mucha gracia que estos pájaros entraran también en el vehículo y aprovecharan las sobras de algún aperitivo humano para alimentarse. Por supuesto todas las ventanas del autobús van abiertas siempre, nada de aire acondicionado en los buses gubernamentales. Pero los gorriones no sólo entraban a pasearse, ¡es que tenían allí su segunda residencia! Sí sí, en el hueco de una lamparita mismo. Sinceramente no me imagino esto en los autobuses de TMB, TUSSAM, Comes & Co.





Y lo típico, las vacas. Al principio yo me pensaba que las vacas no eran de nadie, incluso me reía cuando Andrés me preguntaba de quién serían. Y sí, cada vaca tiene su dueño, solo que durante el día las dejan sueltas para que coman por ahí lo que puedan. Y digo lo que puedan porque en algún momento hemos pillado a alguna comiendo papel de periódico e incluso robando cartones del carro de un cartonero. Por lo visto la leche que dan no es muy grasa y no sirve para hacer mantequilla ni quesos ¡con esa dieta no me extraña! Una vez han echado el día por ahí, pues solitas vuelven a casa. En algún momento me ha entrado mucha risa al ver que una vaca entraba a una casa por la puerta principal, je, je. Yo creía que por ser sagradas pues nadie le decía nada, pero a lo mejor lo que pasaba es que la pobre no quería más calle y se estaba recogiendo. ¡Qué tontería…!

Y de los animales ya no se me ocurren más cosas, así que cambio de tercio ¿vale? Otra cosa que nos ha llamado mucho la atención es el tema de los riesgos laborales. No se siquiera si aquí manejan este término, por las cosas que os voy a contar supongo que no. Y fuera de bromas, como está el temita por aquí no me extraña que la mayor parte de los lisiados y amputados que piden por la calle sean víctimas de algún accidente laboral que, condenados al desempleo, se ven obligados a la mendicidad como modo de vida. Vaya tela.

Como os he comentado ahora estamos en Goa, un estado que ha sido colonia portuguesa desde el siglo XVI hasta 1961. Por ello el cristianismo está fuertemente arraigado, y en su antigua capital se aglutinan numerosas iglesias de arquitectura y aspecto bastante similar a muchas de las que podemos tener en Sevilla. En estas iglesias es donde antes he comentado las palomas campan a sus anchas. En la de San Cayetano hemos hecho las siguientes fotos. En la primera aparece el templo, fijaros en la altura del edificio comparándolo con el tamaño de la puerta principal. Pues arriba del todo, en la cornisa, es donde los albañiles/paletas manejaban tranquilamente los palos del andamio, las cuerdas, en fin, lo normal. Por supuesto sin asegurarse ni amarrarse con arnés o similar. Por lo menos estos obreros estaban colocando un andamio metálico, un privilegio comparado con los de bambú que son mucho más populares en todo el país, incluso para construir los rascacielos de Bombay. ¡Qué pena no tener foto!





¡Rosario, vida! Por todos estos aspectos de la seguridad laboral en la construcción y por la siguiente foto nos hemos acordado mucho de ti. ¿Cómo le pueden llamar a la iglesia “The Church of Our Lady of the Rosary”?



Y Mari, ¿cómo te quedas con lo de “Our Lady of Doloures”? Lo de “The Holy Ghost” tampoco se queda atrás. La traducción literal sería “El Fantasma Sagrado”. Suponemos que se vienen a referir al Espíritu Santo pero vamos, que no lo ponen fácil estos indios.





Y vuelta a nuestro tema, la seguridad en el trabajo. También hemos podido presenciar el trabajo rural en las aldeas y las zonas de siembra. Las mujeres son aquí las que llevan a cabo los trabajos más duros, mientras los hombres se dedican más al comercio, los negocios y otros trapicheos. Son ellas las que van a buscar agua a los pozos y acarrean los bidones en la cabeza hasta sus casas. También ellas trabajan la tierra, recolectan y siembran, y en la mayoría de las obras o construcciones fuera de las grandes ciudades las mujeres se cuentan en la misma o mayor proporción que los hombres. En el caso de la construcción de carreteras y manejo de maquinaria pesada son ellos los que dominan el gremio. Concretamente en Jaisalmer presenciamos el arreglo del pavimento de la carretera que llevaba a la estación. Obviamente en esta obra había cinco hombres trabajando y otros tantos mirando, aunque supongo que cobrando igualmente. Uno de ellos conducía el camión que soltaba la grava mezclada ya con el alquitrán, dos o tres repartían y alisaban el futuro pavimento con unos rastrillos metálicos, y por último otro conducía la apisonadora que aplanaba el piso. No sé si os imagináis la indumentaria de todos ellos, ropa normal y corriente de andar por casa, pero es que además todos, sin excepción, llevaban chanclas de dedito ¡Por Dios! ¿A quién se le ocurre? ¿Cómo llevará los pies a su casa ese hombre que anda por encima del asfalto calentito? Anda que la mujer tendrá el cielo ganao… Siento de nuevo no tener testimonio gráfico, pero es que no damos pa tanto. Sin embargo sí tenemos foto de una mujer que ayudaba, suponemos a su marido, a romper piedras y piezas metálicas sujetándole amorosamente el cincel. Él era el que empleaba la fuerza bruta a base de martillazos… claro, el riego para ella, que típico. Además el contexto de la foto no tenía desperdicio, los dos estaban en una isleta que separaba los dos sentidos de la circulación en un puente de Delhi, rodeados de un tráfico y una polución desagerada. Como diría Andrés: ofrece gusto.



Y para el final he dejado el documento más impresionante que jamás hemos presenciado Andrés y yo en cuanto al tema de los riesgos laborales. Además estamos seguros de que no volveremos a ver algo igual en mucho tiempo, o quizás nunca. ¡Es algo revelador! La anécdota tuvo lugar en Udaipur, ciudad en la que se estaba celebrando un mini festival durante los días de nuestra visita. Éste consistía básicamente en que las mujeres al atardecer portaban sobre sus cabezas pequeñas imágenes de lo que suponíamos eran dioses y diosas, los llevaban al ghat del lago –pequeñas escaleras que bajan hasta el agua- y pasaban allí el ratito rezándoles, bailando y charlando un poco. Las mujeres además eran acompañadas por sus hijos y así la festividad tomaba un aire infantil. Por ello en el pueblo se instalaron un tiovivo vintage y un par de norias, una de ellas es objeto de nuestra anécdota. Cuando Andrés y yo pasamos por delante de esta pequeña Calle del Infierno nos paramos al ver el alboroto y la algarabía generada por cientos de niños con sus risas y gritos. Así pudimos disfrutar del espectáculo rudimentario que hacía girar la noria. La verdad es que no entiendo cómo no tienen aún algún motorcillo que se encargue de ello, aunque si tienen generadores portátiles que dan luz con unos focos espectaculares en las procesiones nocturnas de sus dioses más venerados. Y es que para nuestro asombro la noria, por supuesto cargada hasta la bandera, era empujada con fuerza humana, ¡ni siquiera por bestias! ¿Qué cómo? Pues muy fácil, como se ve en la foto, cuando la noria estaba petada para aprovechar bien el viaje, un hombre se subía por los palos internos de la estructura y, una vez cercano al centro de rotación, comenzaba a caminar apoyando cada uno de sus pies en las barras transversales. Evidentemente cuando aquello cogía velocidad el hombre no podía bajarse, así que debía continuar corriendo en el interior de la noria como si se tratara de un hámster dándole vueltas a la rueda. No salíamos de nuestro asombro, de hecho acabó el viaje y esperamos algo así como 20 minutos a que la noria se vaciara y comenzara de nuevo el show. Evidentemente necesitábamos fotos para mostrároslas y que nos creyerais. Aquí están.





Como siga con este tipo de crónicas no creo que me pase como a aquel que dio la vuelta al mundo sin avión y cuando llegó a España le editaron el blog que escribió en forma de libro.

Por cierto, las tarjetas de crédito se pueden lavar a mano dentro de la ropa. Eso sí ¡en cuanto os deis cuenta sacarla lo antes posible y dejarla secar!

Muchos besos a todos,

Antonio