lunes, 26 de abril de 2010

Mysore y camino hacia Ooty

Bien queridos y queridas, sin que sirva de precedente me reitero en mis excusas por la anterior entrada tan larga y tediosa, gracias por vuestros comentarios sobre todo por el de mi compadre Roberto quien, evidentemente, gusta más de las chufleterías que de unas líneas de historia, pero que parece dispuesto a decirme lo que piensa y eso se agradece. Un beso Robertito hijo.

Después de nuestros días en las ruinas y el fascinante paisaje de Hampi seguimos camino al sur sin salir de Karnataka parando un día en Mysore, una ciudad de las muchas que ya vamos conociendo en la India con su tráfico y sus cosas y con no mucho que ver salvo el palacio real, una construcción de principios del siglo XX cargada de lujos y colorines que no pudimos fotografiar nada más que en el exterior porque no se permitían las fotos dentro. Era un palacio totalmente ignífugo porque justo lo mandaron hacer cuando el anterior fue devorado por un incendio que se originó en unas celebraciones de una boda, claro ¡si es que se ponéis locos encendiendo velas! Todo estaba hecho de piedra o de hierro como las columnas, que no había pocas, todo con muchísima talla y muchísima policromía, era un palacio de cuento de verdad, parecía de juguete.

Una cosa que nos encantó del verbo encantar del palacio es que está totalmente cubierto de bombillas y por la noche lo encienden como la portá de la feria ¿qué os parece? Tierno ¿eh? Aquí os muestro unas fotos de día que son las que pude hacer, muy fantasía oriental ¿verdad? La foto de noche es prestada de intenne. Gracias intenne.

En Mysore intentamos otra actividad más que era subir a una montañita que se suponía que iba a ser muy bonita, Chamundi Hill, pero subimos y aquello era como acercarse a la ermita que hay en muchos pueblos en lo alto de una colinita sólo que ésta además estaba rodeada de muchas tiendas de souvenirs y heladerías y vacas, porque se ve que la gente aquí es muy devota de la diosa Chamundi, debe ser como la virgen de la Cabeza en Andujar o la Reina de los Angeles en Alajar, no creo que llegue a la devoción que despierta la Marismeña, como tú la llamas Juanfran. Nosotros estuvimos allí un ratito viendo las vistas que tampoco eran la bomba y cogimos el bus de vuelta, que ¡menos mal! Porque cuando íbamos en el bus cayó una granizada que parecía una garbanzada, nos quedamos de piedra, como casi todo el resto del autobús ¿eh? Que eso allí no era habitual se ve, y menos con el calor que estábamos pasando durante el día.

Bien, pues con nuestro susto pasao y nuestra mochila vuelta a empaquetar nos fuimos hacia Ooty, no quedaba muy lejos, apenas cinco horas de tortuosa carretera ascendente hacia un puerto de montaña que nos habían recomendado visitar en varias ocasiones, el chófer un cafre por supuesto que tocaba el claxon hasta para avisar de que iba a tocar el claxon, de locos. Lo peor fue al principio del viaje; habíamos contratado un servicio privado con el que íbamos a hacer un viaje más rápido y más cómodo. Nos recogieron en el hotel y nos sentamos donde nos pareció bien, estuvimos eligiendo asiento porque el micro bus (que pa la caló que daba podía ser micro…ondas) había sido diseñado el día después de la boda de la hija del diseñador de autobuses y todos los asientos tenían una incomodidad, o no podías meter las piernas hacia delante o no las podías meter hacia detrás, tú elegías, pero encontramos unos que estaban bien. El resto de asientos cómodos estaban ocupados por familias con hijos y de repente el acomodador del autobús nos dijo que allí ¡noooooo! Que ahora venían unas personas ¿¡¿¿¿¿¿¡¡¡perdoooon??!!!?!?!! Y nosotros que somos ¡no me tires de la lengua! Total que Antonio Ecuanimidad Susperregui me ayudó a descontracturarme y moverme al asiento de atrás del todo, donde daba una solana que pa qué. Al minuto entran dos chicas calladitas como es habitual y el nota le dice a una de ellas que se siente delante en el asiento solitario del copiloto dejando a su amiga también sola junto a él, porque ese parecía el asiento del acomodador, ya que estaba justo al lado de la entrada de pasajeros. En esto se para el autobús y el acomodador (le llamo así porque, aunque hacía las funciones que habitualmente realiza el cobrador, en este viaje los billetes son de prepago en la recepción del hotel, es decir que no pintaba ¡naaaa! Solo que molestar y que molestar) se bajó del autobús no se a hacer qué gestiones, el chofer desaparece y nos tuvieron allí cerca de una hora, señoras y señores con la calor tan mala, yo me moría, y además con los pies pa lante todo el rato porque ese asiento no tenía hueco debajo. Al cuarto de hora de abandono le dije a Antonio ¡Shhss! ¡Niño! ¡pa lante! Y nos colocamos en el asiento que nos gustaba (a todo esto no os penséis que el asiento era a tó compló, que no llegaba ni a media espalda y las rodillas raspaban con el de delante, pero era el más cómodo) y ya tenía en mi mente el discurso que le iba a soltar al acomodador cuando me dijera que me moviera. Bueno pues resulta que empieza a subirse gente individual así cada uno a lo suyo y a sentarse donde querían, el señor este se subió a la hora de tenernos allí (ignorando totalmente nuestro cambio de asiento) y en cinco minutos se volvió a bajar para no subir más, ¡toma castaña! Ni discursito ni ná le pude decir, nos dejó allí con esa cara de maravilla que se te queda cuando tu hermano te dice que no hables tan alto y luego se pone los Walkman a toa pastilla, ¿por qué nos cambiaba a todos de sitio señor? No no le pregunto al señor del autobús, se lo pregunto al Señor nuestro dios todopoderoso y omnisciente, sabes que nunca te molesto con tonterías y que mis lagunas de fe las soluciono en casa pero ¡esto! Esto me lo tienes que contestar tu Jesusito-de-mi-vida-eres-niño-como-yo.

Buff, al fin y al cabo no pasó nada, a mi me duraron un par de horas las ganas de darle una colleja al acomodador pero nada más. El viaje fue como pudo y a mitad de trayecto se puso a llover desconsoladamente, nosotros sufríamos por las mochilas que estaban en el tejado del bus cubiertas con lonas. Cuando llegamos a Ooty aún llovía y el autobús se paró sin más. Todo el mundo seguía en sus asientos incluido el conductor. Nadie decía nada, parecía como si estuviésemos esperando algo, seguía lloviendo. Al final un señor que venía con niños dijo ¿qué, huevo o bisté? Y entonces el chofer dio la orden a un ayudante con cara de susto para que empezara a bajar las maletas y mochilas de todos. Justo enfrente de donde habíamos parado había un hotel que tenía un soportal para refugiarnos de la lluvia ¿casualidad? Nada de eso queridos, en la India no existen las casualidades. El chofer del autobús se convirtió en un abrir y cerrar en botones del hotel, meneando las maletas por la recepción con la agilidad de una ardilla después de tres cafés turcos, Antonio entró a preguntar y le pareció muy caro, nos quedamos en la puerta un rato pensando qué hacer y esperando que escampara, al instante salió el chofer y nos pidió dinero ¡si! Por el morro, por nada, es más el tío decía ¡gift, gift! (regalo regalo) que el viaje había sido muy difícil con la lluvia y que le diéramos algo. Ya me conocéis y sabéis que siempre tengo respuesta y que salto con facilidad, pero en esa ocasión el hombre se deshizo en un murmullo lejano con solo mirarme a la cara, seguro que mirándome a los ojos pudo ver la mala leche de todos mis antepasados guardiaciviles juntos. Por favor señor, un poco de respeto, que nos has dejado aquí en la nada al lado del hotel que te da comisión y como no lo has conseguido ¿nos pides un regalo?

Antonio hizo una pequeña excursión y encontró un hotel más baratito, vale, hoy nos quedamos y mañana buscamos otro.

Os dejo que hoy no me salto el yoga ni de coña.

Muchos besos, Andres

lunes, 19 de abril de 2010

Algunas playas y muchas ruinas

¡Hola de nuevo a todos! Estoy encantado de que me haya tocado escribir este post, que corresponde a unos días en los que primero nos relajamos en las playas de Goa y Gokarna y luego volvimos al turismo más activo visitando las ruinas de Hampi.


Actualmente estamos en… bueno, mejor no lo adelanto, lo dejo para siguientes entradas del blog. Lo que sí os cuento es que tengo a Andrés un poco malito. Sí, ha estado todo el día en el hotel en una situación similar a mi episodio de Jaipur. Ahora ya parece que la cosa está controlada, pero hasta mañana no echaremos las campanas al vuelo. Ayer empezó a sentirse mal, no sé si a raíz de haber ido a un ciber café y ver que… ¡no había ningún comentario en su entrada del blog! Con lo que se lo ha currado el tío y la de cosas que hemos aprendido todos con esa pedazo de entrada. ¡Sois todos un@s frívol@s! Sólo queréis chochás y monás, evadiros un poco del trabajo del día leyendo el blog, porque la mayoría de vosotros lo lee en el trabajo, y nada, carpetazo al ordenador y hasta la siguiente… Así que hacedme el favor de comentarle algo al chiquillo, ¡en esta entrada no vale!, sino en la suya. Y a ver si se anima más de uno que todavía no ha dicho nada. (Mientras colgaba esta entrada he visto que Roberto y Dianita si que han dicho algo; adem'as parece que Roberto piensa algo parecido a lo que nosotros y aintuimos desde tan lejos. Besos a ellos dos).

Vamos al lío. Después de visitar Old Goa y sus iglesias, y sin haber superado todavía el mes de viaje, decidimos hacer nuestro primer alto en el camino y disfrutar de las playas de Goa, tan afamadas por sus fiestas trance y su ambiente neo-hippie. Pero nada de eso era lo que nosotros buscábamos, así que hicimos caso de un par de guías turísticos indios que conocimos en Mumbai. Coincidimos con ellos en una mesa de un restaurante, y tras acabar toda la comida nos dimos cuenta de que hablaban un español casi perfecto, sobre todo uno de ellos… menos mal que somos bastante comedidos y no vamos por ahí poniendo verde al personal. Esa etapa pasó, ahora ya somos post-adolescentes.

El caso es que nos recomendaron que fuéramos a Palolem, en su día una playa poco visitada de Goa en comparación con el resto, quizá por ser la última del estado en dirección sur antes de pasar al estado de Karnátaka. Actualmente no está tan olvidada, pero igualmente conserva el encanto y puedo decir que es una de las playas más bonitas que he visto en mi vida. Ver foto, aunque se me ve más a mí que la playa… eso es lo que hay.


Nosotros decidimos buscar algo más tranquilo, y esta vez siguiendo nuestro libro de viaje, la Loly Planet, nos fuimos a Patnem Beach. Esta playa está más al sur todavía y es bastante más tranquila que Palolem. A decir verdad no es tan bonita como la primera, aunque seguía siendo una playa tropical rodeada de cocoteros y poblada por miles de cangrejos que salían al atadecer.


Y nada, allí nos alojamos en una cabaña hecha con hojas de palmera y por supuesto, en primera línea de playa, ¡lo normal vamos! ¡Qué experiencia! Os imagináis ¿no? Durmiendo con el ruido de las olas y despertando con los pájaros… y también despertando con los ladridos de las jaurías de perros semi-salvajes sueltos por la playa y con el kirikikí del gallo que por supuesto tenía el horario cambiado. Eso, una de cal y una de arena, pero no nos podemos quejar, mirad que caritas.




Y allí estuvimos regalándonos durante cuatro noches y sus correspondientes días sin nada más que hacer que pasearnos, bañarnos, leer, comer y dormir. Una de las cosas más curiosas es que el agua estaba exactamente a la temperatura del cuerpo, era como un caldito. Esto, que a primera vista puede dar un poco de cosita, a mi me venía de perlas. Ya sabéis que yo no soy muy de baños, más bien todo lo contrario. Pues he estado en el agua sin querer salir durante horas… bueno, horas tampoco, pero baños de media hora o tres cuartos y salir todo arrugadito sí. Andrés no salía de su asombro. El problema era que como aquí el sol pega que no veas, había que tener la precaución de protegerse durante el chapoteo, y así me veis bañándome con el velo por lo alto, vamos, una morita en la playa de Essaouira.


Aquí os regalo un par de fotos de las puestas de sol en la playa. Vaya artista está hecho el Andrés con su cámara… ¿o alguna de ellas la hice yo? Da igual, las dos son de los dos.






Y como no habíamos tenido suficiente nos dispusimos a seguir disfrutando de más días de sol y playa a unos pocos kilómetros más al sur, pero esta vez en el estado de Karnátaka, concretamente en Gokarna. Estas playas también nos fueron recomendadas, primero por una española enamorada de la India, como ella misma se autodefinía, en Jaipur, y unas horas más tarde en la misma ciudad por Sitara.


Estábamos comiendo en un restaurante de Jaipur cuando una chica –según mi parecer que no veo muy bien de lejos- insistía en hablar con nosotros a distancia estando sentada dos mesas más allá. Resultó ser una canadiense de Montreal que muy amablemente se paró en nuestra mesa antes de abandonar el local. Al final resultó no ser tan joven, sino más bien una madurita medio colgada y con pamela, y unas gafas de sol de esas que cubren media cara. Por si fuera poco llevaba tapones en los oídos, muy recomendable para evitar la contaminación acústica de la ciudad pero no para hablar con otros guiris que están dos mesas más allá. Su extravagancia era tal que se hacía llamar Sitara. Este pseudónimo resulta de la feminización del nombre de un instrumento de cuerda indio llamado sitar, vamos, otra enamorada de la India. Eso es como si yo soy un japonés loco por el flamenco, me voy a Sevilla y me hago llamar Castañuelo… ¡por Dios! ¡me recuerda a los nombres de los Fruitis! Mochilo, Gazpacho… ¡qué tontería! Je, je. El caso es que ella nos recomendó que fuéramos a Gokarna, y parecía que había pasado allí temporadas enteras. De hecho presumía de que en todos los locales de Gokarna la conocían, y pretendía que fuéramos por los restaurantes y hoteles de la ciudad diciéndole a los lugareños “Citara says hello!”, que traducido sería algo así como “Citara os manda saludos”. El caso es que después de decirnos esto ella misma se reía se sí misma, y nos reconoció que eso es lo que le gustaría, que todo el mundo la conociera en Gokarna. Al final fue hasta graciosa la mujer.


Al final decidimos ir a Gokarna, pero nuestra queridísima Loly Planet recomendaba mejor Kudle Beach, una playa más al sur, ya que la playa de Gokarna tenía poco interés y estaba incluso un poco sucia. Sitara también nos recomendó Kudle. Pues nada, a Kudle. Una vez instalados una excursión a Gokarna nos reveló que su playa era ideal. Una playa abierta, amplia, con escasos chiringuitos y casi desierta. Yo particularmente no entendí la preferencia por Kudle y disfruté mucho mi paseo por la playa de Gokarna. Aquí la foto. Futuros visitantes, tomen nota.




El plan en Kudle fue bastante similar al de los días anteriores en Patnem Beach de Goa, con la única diferencia de que estuvimos más a gusto, ya que tuvimos la suerte de alojarnos por casualidad en “Jazmin Café & German Bakery”, un sitio nuevo de esta temporada 2009-2010 que no aparece en ninguna guía. El caso es que solamente dispone de dos cabañas para huéspedes, y está regentado por un matrimonio de un indio, Badal, y una chica argentina, Patricia. Ambos encantadores. Las cabañas son nuevas y están muy cuidadas, y aunque no tienen baño, las instalaciones comunes también están en muy buenas condiciones, por no decir perfectas. El matrimonio vive en el mismo recinto ajardinado que aloja las cabañas frente a la playa y a escasos metros del agua, por lo que comparten las instalaciones y mantienen todo en condiciones óptimas. Claro, es su casa. Desde aquí manda un saludo a Badal y Patricia, quizá nunca lo reciban, pero por si acaso les hago buena publicidad. ¿Quién sabe? A lo mejor alguien ajeno a nosotros lee esto y se pasa por allí… yo ya estoy como Sitara… je, je. ¡Ah! Se me olvidaba. ¡Badal conocía a Sitara! Al final resultó no estar tan majara. Según nos contó Badal Sitara había sido asaltada por unos indios en algún camino que une las playas y discurre entre los bosques… si ya lo avisa la guía. Pobre Sitara, desde aquí otro saludo para ella.

Aquí abajo las fotos de Andrés haciendo sus labores de costura frente a nuestra cabaña.




Y una vez descansado y recuperados por completo emprendimos de nuevo la ruta, esta vez adentrándonos en el interior con Hampi como siguiente parada. Hampi está también en Karnátaka, al igual que Gokarna, y durante los siglos XIII al XVI fue una importante capital que acogió a la realeza y llevó a su máximo exponente al arte Vijayanagar. En ella se construyeron numerosos templos y esculturas monolíticas que quedaban desperdigadas en un entorno natural que nos ha sorprendido por su belleza y singularidad. Luego os lo enseño en unas fotos. Primero una fotos de algunos templos entre palmeras y bananeros.






Durante el primer día de nuestra estancia en Hampi paseamos a pie por las ruinas más cercanas al centro urbano. Nos acompañó Doros, dicho así con acento guiri, diminutivo de Dorothy, una alemana muy simpática que conocimos el día anterior en el autobús rumbo a Hampi. Ella muy educada nos pidió por favor si podía venir con nosotros ya que había leído en la Loly que podía ser peligroso pasear sola por las ruinas, más aún al atardecer. Mucho más precavida que Sitara, claro, alemana.


El segundo día Andrés y yo, esta vez sin Doros ya que no apareció -esperemos que esté bien-, alquilamos unas bicis e hicimos cicloturismo por las ruinas y templos más alejados. Aquí un par de fotos de las esculturas y detalles de alguno de ellos.




Y ahora os cuento una excursión que hicimos el primer día en Hampi después de comer. En ella subimos a un templo situado en lo más alto de una colina desde la cual pudimos apreciar el fantástico entorno natural del lugar. Pero para ello primero tuvimos que cruzar el río Tungabhadra. Lo curioso es que no hay ningún puente para hacerlo, y todo el tráfico tiene lugar mediante barcazas de mimbre en las que se transportan incluso las motos. He aquí una muestra.




El templo está dedicado a Hanuman, el dios mono, o mejor dicho el dios con cara de mono. Bien bien no sabemos por qué tiene cara de mono, lo que si tenemos claro es que era sirviente del dios Rama, y lo adoran porque era perfecto en su labor. Parece que valoran el trabajo bien hecho. Se cree que Hanuman nació en esta colina donde ahora está situado el templo, y como no, el lugar está poblado por decenas de monos que más que simpáticos gastan una mala leche… primos hermanos de los de Gibraltar. En la primera foto aparezco con Doros camino del templo, y al fondo y pintadas de blanco las escaleras que ascienden a la cima. En la segunda y tercera foto aparece una vista general del templo y sus habitantes, y en la cuarta Andrés con el sadhu local del templo. Los sadhus son personas dedicadas en exclusiva a la religión y que tratan de alcanzar la iluminación total, más o menos. En esta última se intuye en entorno natural de Hampi.







Y para el final he dejado las fotos que más me gustan. Si tenéis intenciones de visitar la India, no os dejéis Hampi, y aquí visita obligada al templo de Hanuman, es un must. Desde allí arriba se puede ver como repartidas en los 360 grados aparecen enormes colinas formadas por cientos de piedras gigantes amontonadas. Como si algún gigante las hubiera tirado y hubieran quedado así. Además el color rojizo de las rocas destaca sobre el fondo verde intenso de las palmeras, los bananeros y los cultivos de arroz, los cuales se asientan sobre las planicies de sedimentos que hay entre las colinas. El río Tungabhadra discurre por entre las montañas de rocas y está salpicado de enormes piedras que forman pequeñas islas. Sinceramente creo que es de lo más bonito que he visto en mi vida. Me he quedado con las ganas de subir otra vez. Im presionante.





Por último una puesta de sol a la orilla del río en los ghats de Hampi. Creo que no he visto tantas puestas de sol seguidas en mi vida… lo que tiene el tiempo libre.



En relación a la bronca inicial de esta entrada, he de decir que nos encanta que nos comentéis cosas, aunque sean chorradas. Así nos sentimos conectados con vosotros de alguna manera. De todos modos no estamos escribiendo el blog únicamente para que comentéis. Lo hacemos porque queremos compartir estos meses con vosotros. Además, al ser un viaje tan largo tenemos tiempo para hacerlo, y por ahora lo estamos disfrutando los dos, esperamos que vosotros también. Muchos besos a todos, os echamos de menos, y… ¡Feria, feria!... ♫ ♪♪… Pedazo de caseta que nos vamos a montar… ♫ ♪

Antonio